Eastwood’s Invictus

11 02 2010

El inglés del título se puede leer como “El Invicto de Eastwood”, o como “Eastwood está invicto”. Y es que a pesar de algunas objeciones, me parece -y a la crítica y a los espectadores también- que Invictus es una película que vale la pena.

El filme comparte algunas características con las últimas obras de Eastwood. Llama la atención su afición por presentar temas comunes a través de una historia distinta. En Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, se logra dar un viso de originalidad al desgastado tema de la Segunda Guerra Mundial. En Million Dollar Baby e Invictus entrega deporte sin caer en tópicos.

En lo visual, estas cuatro cintas y la mayoría de las del director, se caracterizan por la baja saturación de color. Si algo rompe con lo propio del autor y con lo convencional, es el uso de distancias focales extremas sin necesidad aparente. Desde planos medios y cortos hechos con un gran angular que casi parece fish eye, hasta tomas del equipo captadas con un teleobjetivo que fácilmente superaba los 70 mm.

Ahora, a todos, o a casi todos, nos convenció Morgan Freeman como Mandela. Algunos incluso habrán experimentado esa sensación de no recordar la cara del sujeto real… La verdad es que el llamativo parecido físico, y la imagen de integridad moral que se ha ganado durante su carrera, prácticamente convertían a Freeman en el único candidato viable. Eastwood prefiere trabajar con actores consagrados… ¿A quién más podría ofrecerle el papel? ¿A Samuel L. Jackson?

Por el contrario, Matt Damon no es muy creíble como jugador de rugby -es muy pequeño-; ni como líder. Desde Good Will Hunting hasta la trilogía de Bourne, pasando por Mr. Rippley, sus personajes han sido siempre solitarios y retraídos. Quizá la excepción sea Ryan, pero no muchos lo recuerdan en esa película, en la que todas las palmas fueron para Hanks y Speilberg.

El manejo del tiempo en las escenas de rugby es raro. Mientras hay elipsis que llaman la atención, se dejan deliberadamente tomas sin importancia aparente. Sin embargo, la secuencia del partido final es magistral. Eastwood hace evolucionar por fin las escenas de golpes y pujidos a las que nos tienen acostumbrados las cintas de football. La edición de sonido y el uso de slow motion nos ayudan a entender el sentimiento detrás de un deporte ajeno a nosotros. Casi me hace pensar que la edición confusa de los otros partidos es deliberada, para que recién al final entendamos el juego y todo el esfuerzo tras él.

No perdamos de vista que aun con Eastwood como director, la historia en el papel no prometía como para justificar su gran presupuesto. Seguramente el estudio recién accedió a financiarla para que viera la luz este año, a tiempo para subirse al bus de la fiebre mundialista. Nótese que Zakumi usa los colores de los Springboks.

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2 responses

21 02 2010
karla

Algún día haremos una pela sobre la influencia de Stanis Mogollón 😀

6 03 2010
lizbeth F.

t recomiendo zona de miedo.. es demasiado buena

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