Avatar: casi un hito.

29 12 2009

Tengo que decir que fui emocionadísimo a ver la película. Es más, la última vez que fui al cine fue hace casi dos años, y aquella vez me interesaba mucho más la compañía que Harry Potter -sí, Harry Potter… ¿y qué?-. Cuando entré hoy a la sala 6 del único cine de Piura, poco a poco fui recordando cada una de las razones por las que prefiero ver en mi casa las películas que me parecen interesantes: la fidelidad del sonido en Cineplanet es sencillamente mala; tienes que pararte al baño porque TIENES que tomar por lo menos una gaseosa; si llegas tarde debes ver la ‘peli’ de costado; y si tienes mala suerte, como yo la tuve hoy, algún chibolo detrás tuyo hará preguntas a cada rato y te pateará la silla de tanto en tanto.

No me malinterpreten, me gusta el Cine, pero odio ir al cine. Esta aclaración merecía un párrafo para ella sola.

Ahora sí: Avatar. La historia no es nada original. Para ser honesto, me pareció una mezcla entre Pocahontas y The Matrix. Cameron se repite en el futuro apocalíptico de Terminator y el triángulo amoroso de Titanic. El tema de fondo, la conservación del equilibrio natural, es tratado de una manera demasiado directa. Estereotípica, diría. La lucha entre nativos y colonizadores/destructores es un encaro directo al modelo histórico de hacer patria de EE.UU., desde el lejano oeste hasta Irak.

“El hombre consumido por su ambición” es el núcleo de las dos películas de Cameron que ya mencioné, lo que hace de Avatar la pieza final de una trilogía. El asunto es, querido James, que si vas a decir lo mismo por tercera vez, deberías ponerlo de la manera más original posible, y no de las más obvia: un coronel con banderitas americanas contra nativos naturalistas en taparrabos.

Una de las cosas que me emocionó con esta cinta es que vi por ahí un comentario que decía: “Ir a ver “Avatar” ahora debe ser como haber ido al estreno de “Star Wars” en los 70’s”. Bueno, no. El asunto es que James Cameron es un gran ‘hacedor’, pero George Lucas es un ‘creador’. De ahí que a uno le confíen las películas más caras de cada década, y que el otro haya tenido que sufrir con sus dibujos y crear después su propia productora.

Avatar no llegará a ser “Star Wars” por la sencilla razón de que el tema final de Lucas era más trascendente: la lucha entre el bien y el mal en cada uno de nosotros. El cuidado del medio ambiente no tiene nada de malo, pero la manera de resolverlo de Cameron es demasiado incidental, demasiado política. Todo el que la ve sale convencido de que EE.UU. es el malo, ¿no?

Aún así, hay que aplaudir, y muy fuerte, el trabajo de realizador de James Cameron. Sólo una persona a quien Hollywood le tiene tanta fe puede habernos dado, y en tiempos de crisis, la primera película en la que simplemente uno no nota el cambio de realidad a animación. Sencillamente espectacular. Tengamos en cuenta que incluso se desarrolló un nuevo tipo de animación por computadora, exclusivamente para la película; y que el propio Cameron creo una nueva cámara 3D.

Justamente por esa enorme fama que carga el director, me sorprendió notar un único error -y cuando es uno solo es peor- de coordinación en la coreografía pre animación. Es decir, cuando “se actúa con el aire” para después poner al personaje animado. Fue en la escena en que el jefe de los Na’vi se mete en un helicóptero y golpea con su arco a un soldado. Me parece que el viejo James está aflojando…

Otro error de producción que llama la atención es la selección del leitmotiv de la pareja. Se trataba de música étnica africana, demasiado similar a la de “El rey león”. Eso me hizo pensar después que, en general, los Na’vi son demasiado humanoides… ¡Incluso besan! El fundamento fisiológico del beso es que los labios tienen muchas terminaciones nerviosas… ¿Cuáles son las posibilidades de que una civilización de otro planeta sea TAN parecida? Además, ¡¿para qué quieres tus labios, si tienes una especie de conector USB en la punta de la trenza?!

Ahora, aquí, súbitamente, muere el egresado de Comunicación y entra el fanático: fui al cine después de dos años; me compré mi vasito de Avatar; dije “Chévere” como diez veces durante la película; lloré cuando el héroe arengaba a su pueblo; hablé de la película todo el camino y durante la cena; y vine corriendo a escribir esto apenas pude. Así de alucinante es, y vale la pena ir a verla. Probablemente vaya de nuevo, o espere a comprar el DVD… veremos. Por ahora, ¡voy a bajar mi diccionario de Na’vi!