Reclamar

4 03 2011

Es muy simple: Si contrato un albañil para que haga un trabajo en mi casa, y veo que lo está haciendo mal, reclamo. Si dos semanas después veo que la pared se fisura o encalicha, voy a buscarlo y reclamo. Si se demora tres meses para algo que debió tomarle una semana, reclamo. Si voy a inspeccionar la obra y la encuentro abandonada, reclamo.

 

Un piurano tomó esta foto de las obras en el centro y la colgó bajo el título de "GOTEO DE AGUA CALLE AREQUIPA, cuadra 12, tubería amarrada con bolsa plástica"

¿Por qué entonces la Municipalidad de Piura no utiliza su autoridad y su poder de convocatoria para reclamar por los trabajos que hacen mal las empresas que contrata? Me imagino que si la alcaldesa convocase una conferencia de prensa para revelar las razones de tantos errores y demoras, todos los medios la cubrirían, y se hablaría de eso por semanas.

Pero nadie dice ni hace nada, mientras los piuranos tenemos que saltar de piedra en piedra para no caer en lagunas de porquería o ensuciarnos los zapatos con la brea de las pistas a medio terminar. Cliente y contratado siguen pensando en nosotros como la fauna del lugar a donde van a hacer negocio, y no como los usuarios y fiscalizadores de su producto terminado.

Un mes vienen los del PAS, al siguiente los de la troncal de desagüe, al otro los de ENOSA… Los parches son cada vez peores y la paciencia cada vez más escasa. Debemos aprender a reclamar de una manera organizada, porque por alguna razón oscura nuestra municipalidad está amordazada. Esa fama que tenemos de impasibles hace creer a esta gente que en serio no nos interesa vivir en la inmundicia. ¡Reclamemos!





¿Entendimos Inception?

16 08 2010

Spoiler Alert: Esto intenta ser una guía para terminar de entender la película a partir de sus detalles. Si todavía no la has visto, anda… ¡y vuelve por aquí!

Me gusta Nolan porque a sus películas no les sobran decisiones de estilo. No usa efectos especiales o narraciones enrevesadas por las puras, sino que las coloca en favor de la historia. A la línea de tiempo de Memento, las explosiones del Joker y la otra cara de Havey Dent, ahora se suman los planos detalle, la gravedad cero y el uso de slow motion -y sus combinaciones- en Inception.

Si sigo hablando de cosas técnicas me contradigo. Lo que importa con Nolan son los guiones, que él mismo escribe o co-escribe. En Inception no es distinto, y crea algo increíble, una situación radicalmente nueva… ¿O no?

Aunque la manera de entrelazarlos es distinta, los conceptos principales de la trama resultan familiares. Lo que me llamó la atención fue la profundidad de algunos de esos conceptos, y de eso quiero hablar. Espero no aburrir a nadie -supongo que si han llegado hasta aquí, aguantarán hasta el final-.

Como en la película, vamos por niveles. Para comenzar, la noción de entrar a la mente mediante tecnología para sacar o meter cosas no es nueva en el cine. Lo han sufrido antes Ben Affleck, Jim Carrey, y hasta el buen Arnold Schwarzenegger, entre otros.

Aun en el primer nivel está la idea de poder cambiar lo que parece real, cuando nos damos cuenta de que no lo es. Lo que hace de Ariadne la mejor “arquitecta” es lo mismo que hace de Neo “el elegido”. Además, también vemos que se conecta a personas para que experimenten juntas una realidad alterna.

Creo que un decente segundo nivel sería el moral… “La moraleja”, para no asustarnos. A nivel personal, es una historia de autosuperación, de let go, de dejar ir. El momento en que  Cobb descubre que la enorme fantasía que construyó para mantener el recuerdo de su esposa nunca será suficiente se me hace bastante parecido al John Nash de Russell Crowe cayendo en cuenta de que la pequeña Marcee no envejecía.

Me han enseñado a no buscar enseñanza en el arte, pero si Inception tuviese moraleja, esta sería que el recuerdo de un amor perdido o las fantasías que elaboremos a su alrededor no se comparan a la complejidad de la realidad, ni son compatibles con ella. Mientras más nos refugiemos en unos, más nos alejamos de la otra. Y eso tiene banda sonora: “Tus recuerdos son cada día más dulces, el olvido sólo se llevó la mitad”.

El tercer nivel, el más difícil, y el más sorprendente en una  gran producción de Hollywood, es el filosófico. Me disculparán, pero por estos días ando con ese chip metido, y me provoca hablar de esto.

Darse cuenta de que lo sensible es sólo apariencia, y que la realidad depende de cómo la entendamos, se llama subjetivismo. Es la base de la filosofía moderna y de los escépticos y relativistas posteriores. Pero la creencia de que podemos cambiar la realidad sólo con pensarlo se llama “complejo de Pigmalión”, el mítico escultor griego que se enamoró de su estatua al punto que los dioses le dieron vida. En Hollywood se adaptó en My fair lady, y cada tanto se repite el argumento en alguna comedia.

El concepto mismo de hacer descubrir al individuo una idea que pueda cambiar su actitud frente a la realidad tiene más de 2500 años, y un tal Platón la llamó mayeútica.

Lo que complacería a mis maestros de filosofía es que la respuesta a todo este caos es la realidad misma. Cobb le dice a la proyección de su esposa que es “una sombra”. Años completos construyendo fantasías no le alcanzan para darle a un recuerdo los matices de la Mal real.

Y como hay que volver a la realidad, llega el momento de la patada. Regresamos al espacio-tiempo real de Inception, pero cuando el protagonista deja girando su totem, este apenas oscila, y nos quedamos en la oscuridad. Nunca nos enteramos si cae o no.

Creo que para entender Inception no hay que resolver todas nuestras preguntas, sino quedarnos con las adecuadas: ¿Esto es realidad o un sueño? ¿Nuestros sueños nos liberan de lo exterior o nos atrapan en nosotros mismos? ¿Alguna vez tomaremos una decisión completamente independiente?





Eastwood’s Invictus

11 02 2010

El inglés del título se puede leer como “El Invicto de Eastwood”, o como “Eastwood está invicto”. Y es que a pesar de algunas objeciones, me parece -y a la crítica y a los espectadores también- que Invictus es una película que vale la pena.

El filme comparte algunas características con las últimas obras de Eastwood. Llama la atención su afición por presentar temas comunes a través de una historia distinta. En Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, se logra dar un viso de originalidad al desgastado tema de la Segunda Guerra Mundial. En Million Dollar Baby e Invictus entrega deporte sin caer en tópicos.

En lo visual, estas cuatro cintas y la mayoría de las del director, se caracterizan por la baja saturación de color. Si algo rompe con lo propio del autor y con lo convencional, es el uso de distancias focales extremas sin necesidad aparente. Desde planos medios y cortos hechos con un gran angular que casi parece fish eye, hasta tomas del equipo captadas con un teleobjetivo que fácilmente superaba los 70 mm.

Ahora, a todos, o a casi todos, nos convenció Morgan Freeman como Mandela. Algunos incluso habrán experimentado esa sensación de no recordar la cara del sujeto real… La verdad es que el llamativo parecido físico, y la imagen de integridad moral que se ha ganado durante su carrera, prácticamente convertían a Freeman en el único candidato viable. Eastwood prefiere trabajar con actores consagrados… ¿A quién más podría ofrecerle el papel? ¿A Samuel L. Jackson?

Por el contrario, Matt Damon no es muy creíble como jugador de rugby -es muy pequeño-; ni como líder. Desde Good Will Hunting hasta la trilogía de Bourne, pasando por Mr. Rippley, sus personajes han sido siempre solitarios y retraídos. Quizá la excepción sea Ryan, pero no muchos lo recuerdan en esa película, en la que todas las palmas fueron para Hanks y Speilberg.

El manejo del tiempo en las escenas de rugby es raro. Mientras hay elipsis que llaman la atención, se dejan deliberadamente tomas sin importancia aparente. Sin embargo, la secuencia del partido final es magistral. Eastwood hace evolucionar por fin las escenas de golpes y pujidos a las que nos tienen acostumbrados las cintas de football. La edición de sonido y el uso de slow motion nos ayudan a entender el sentimiento detrás de un deporte ajeno a nosotros. Casi me hace pensar que la edición confusa de los otros partidos es deliberada, para que recién al final entendamos el juego y todo el esfuerzo tras él.

No perdamos de vista que aun con Eastwood como director, la historia en el papel no prometía como para justificar su gran presupuesto. Seguramente el estudio recién accedió a financiarla para que viera la luz este año, a tiempo para subirse al bus de la fiebre mundialista. Nótese que Zakumi usa los colores de los Springboks.





Próximo post

10 02 2010

Veo que muchos ya vieron o planean ir a ver Invictus, así que adelantaré mi comentario sobre esa cinta de Eastwood. Ojalá les guste.

Ok, este post no tiene mucho sentido… Con él también estoy probando si se pueden postear imágenes correctamente desde el iPod. XD





Sherlock Holmes, o la reinterpreatación absurda

10 02 2010

No. No estoy diciendo de entrada que la película es absurda. Me refiero a que esta reedición de los personajes de A. C. Doyle cae dentro de la categoría de lo absurdo, si se le busca lugar entre los géneros establecidos. El desinterés por su apariencia, el humor negro, el egoísmo y el alcoholismo -por lo menos el hecho de que sea manifiesto- del protagonista, lo convierten casi en la antítesis del detective inglés.

Del director Guy Ritchie sólo he visto completa Snatch (2000), aunque en realidad sólo tiene otra película notable si descontamos el bodrio Swept away, en el que dirigió a su entonces esposa Madonna, y las otras dos películas que le tomó recuperarse. Él lanzó a la fama a Jason Statham (A.K.A. El Transportador). Su temática, el desarrollo de sus personajes y la forma de tratar la violencia le da ciertos aires de Tarantino. Su identidad estética se completa con decisiones poco comunes en cuanto a ángulos, el uso de un alto contraste y los juegos con la saturación del color.

Las dos últimas características están presentes en su Sherlock Holmes, pero se nota que tuvo que renunciar hasta cierto punto a los ángulos extraños, seguramente para hacer más “masiva” y “consumible” su primera aparición en Hollywood. Una renuncia leve, dirán ustedes, y la verdad es que sí, porque igual hay por ahí algún ángulo aberrante bastante expresivo si se sabe mirar bien.

Pero si algo no se le perdona, ni aquí ni en su Inglaterra natal, es su falta de cuidado con el acento de Robert Downey Jr. Un director con actores fetiche tan exquisitamente británicos como el mismo Statham o Vinnie Jones no debió dejar que se ejecutara un Sherlock Holmes con acento extraterrestre -e intermitente-.

Por lo demás, me parece que la cinta no logra ni siquiera mantener el ritmo constante que exigen los consumidores de Hollywood, y se vuelve tan lenta en algunas partes, que recuerda esa cosa con Madonna en la playa que bien pudo haber durado cinco minutos. Podría explicarse diciendo que el director tuvo que cambiar sus clásicas explosiones de violencia por las deducciones de Sherlock, pero la verdad es que sí hay violencia, aunque no se trabajó bien.

Lo de las deducciones de Holmes es otro asunto: Si bien los flash (back and forward), y los monólogos internos son la forma clásica de narrarlo, uno ya está hasta el copete de esa fórmula, gracias a los numerosos CSI. Aun más grave, este uso nos remonta a otra película horrorosamente parecida: La liga extraordinaria, quizá el último tropiezo de Sean Connery.

Cuando una cinta no entrega mucho en general, uno termina fijándose en detalles para encontrarle valor. De Sherlock Holmes podemos rescatar el diseño y adaptación del vestuario, sobre todo del antagonista de la película. Algunos efectos especiales, sobre todo las explosiones, están muy bien diseñadas, y llaman la atención a pesar de estar tan acostumbrados a verlas.

Más que ver nuevamente a R.D.Jr. en el papel de patán (como que nos vamos preparando para Ironman 2), llama la atención la aparición de Jude Low como co-protagonista -casi, casi actor secundario-; y alejado de su rol de charming playboy inglés. A pesar de lo limitado de su personaje, demuestra que sirve para actor de caracter, y promete, aunque sea a largo plazo, algo interesante… ¿Quizá un nuevo Michael Caine?

Parece que al final la película si era algo absurda… Sorry!





Avatar: casi un hito.

29 12 2009

Tengo que decir que fui emocionadísimo a ver la película. Es más, la última vez que fui al cine fue hace casi dos años, y aquella vez me interesaba mucho más la compañía que Harry Potter -sí, Harry Potter… ¿y qué?-. Cuando entré hoy a la sala 6 del único cine de Piura, poco a poco fui recordando cada una de las razones por las que prefiero ver en mi casa las películas que me parecen interesantes: la fidelidad del sonido en Cineplanet es sencillamente mala; tienes que pararte al baño porque TIENES que tomar por lo menos una gaseosa; si llegas tarde debes ver la ‘peli’ de costado; y si tienes mala suerte, como yo la tuve hoy, algún chibolo detrás tuyo hará preguntas a cada rato y te pateará la silla de tanto en tanto.

No me malinterpreten, me gusta el Cine, pero odio ir al cine. Esta aclaración merecía un párrafo para ella sola.

Ahora sí: Avatar. La historia no es nada original. Para ser honesto, me pareció una mezcla entre Pocahontas y The Matrix. Cameron se repite en el futuro apocalíptico de Terminator y el triángulo amoroso de Titanic. El tema de fondo, la conservación del equilibrio natural, es tratado de una manera demasiado directa. Estereotípica, diría. La lucha entre nativos y colonizadores/destructores es un encaro directo al modelo histórico de hacer patria de EE.UU., desde el lejano oeste hasta Irak.

“El hombre consumido por su ambición” es el núcleo de las dos películas de Cameron que ya mencioné, lo que hace de Avatar la pieza final de una trilogía. El asunto es, querido James, que si vas a decir lo mismo por tercera vez, deberías ponerlo de la manera más original posible, y no de las más obvia: un coronel con banderitas americanas contra nativos naturalistas en taparrabos.

Una de las cosas que me emocionó con esta cinta es que vi por ahí un comentario que decía: “Ir a ver “Avatar” ahora debe ser como haber ido al estreno de “Star Wars” en los 70’s”. Bueno, no. El asunto es que James Cameron es un gran ‘hacedor’, pero George Lucas es un ‘creador’. De ahí que a uno le confíen las películas más caras de cada década, y que el otro haya tenido que sufrir con sus dibujos y crear después su propia productora.

Avatar no llegará a ser “Star Wars” por la sencilla razón de que el tema final de Lucas era más trascendente: la lucha entre el bien y el mal en cada uno de nosotros. El cuidado del medio ambiente no tiene nada de malo, pero la manera de resolverlo de Cameron es demasiado incidental, demasiado política. Todo el que la ve sale convencido de que EE.UU. es el malo, ¿no?

Aún así, hay que aplaudir, y muy fuerte, el trabajo de realizador de James Cameron. Sólo una persona a quien Hollywood le tiene tanta fe puede habernos dado, y en tiempos de crisis, la primera película en la que simplemente uno no nota el cambio de realidad a animación. Sencillamente espectacular. Tengamos en cuenta que incluso se desarrolló un nuevo tipo de animación por computadora, exclusivamente para la película; y que el propio Cameron creo una nueva cámara 3D.

Justamente por esa enorme fama que carga el director, me sorprendió notar un único error -y cuando es uno solo es peor- de coordinación en la coreografía pre animación. Es decir, cuando “se actúa con el aire” para después poner al personaje animado. Fue en la escena en que el jefe de los Na’vi se mete en un helicóptero y golpea con su arco a un soldado. Me parece que el viejo James está aflojando…

Otro error de producción que llama la atención es la selección del leitmotiv de la pareja. Se trataba de música étnica africana, demasiado similar a la de “El rey león”. Eso me hizo pensar después que, en general, los Na’vi son demasiado humanoides… ¡Incluso besan! El fundamento fisiológico del beso es que los labios tienen muchas terminaciones nerviosas… ¿Cuáles son las posibilidades de que una civilización de otro planeta sea TAN parecida? Además, ¡¿para qué quieres tus labios, si tienes una especie de conector USB en la punta de la trenza?!

Ahora, aquí, súbitamente, muere el egresado de Comunicación y entra el fanático: fui al cine después de dos años; me compré mi vasito de Avatar; dije “Chévere” como diez veces durante la película; lloré cuando el héroe arengaba a su pueblo; hablé de la película todo el camino y durante la cena; y vine corriendo a escribir esto apenas pude. Así de alucinante es, y vale la pena ir a verla. Probablemente vaya de nuevo, o espere a comprar el DVD… veremos. Por ahora, ¡voy a bajar mi diccionario de Na’vi!