¿Te le mandaste?

26 08 2010

Todos hicimos alguna vez la pregunta. Hace unos días la escuché por ahí, y me puse a conectar algunas ideas mientras caminaba.

Resulta que el supuesto acto de valentía que implica la pregunta -mandarse- no existe. ¿Por qué? Pues por la fórmula general que utilizamos los peruanos para formalizar: “¿Quieres estar conmigo?” o “¿Quieres ser mi enamorada?”.

Creo que aunque se requiere algo de valor para hacer estas preguntas, lo que en realidad se hace con cualquiera de ellas es trasladar la responsabilidad de la decisión a la otra persona… Es la víctima la que tiene que afirmar algo, aunque sea sólo al decir “Sí”.

Además, me parece que hay una cuestión cultural un poco machista detrás, porque se invade el espacio de lo que le corresponde decir a la mujer al cercarla con la pregunta; y porque en el camino se revela poco o nada de lo que siente el varón. Se pide mucho, y se ofrece poco.

Mandado sería decir “Estoy enamorado de ti y quiero ser tu novio”. Mandado porque afirma en vez de preguntar, y mandado porque queda a medio camino: ella también tiene que decirlo. A los que lo hacen así, mis respetos… por mandados.





¿Entendimos Inception?

16 08 2010

Spoiler Alert: Esto intenta ser una guía para terminar de entender la película a partir de sus detalles. Si todavía no la has visto, anda… ¡y vuelve por aquí!

Me gusta Nolan porque a sus películas no les sobran decisiones de estilo. No usa efectos especiales o narraciones enrevesadas por las puras, sino que las coloca en favor de la historia. A la línea de tiempo de Memento, las explosiones del Joker y la otra cara de Havey Dent, ahora se suman los planos detalle, la gravedad cero y el uso de slow motion -y sus combinaciones- en Inception.

Si sigo hablando de cosas técnicas me contradigo. Lo que importa con Nolan son los guiones, que él mismo escribe o co-escribe. En Inception no es distinto, y crea algo increíble, una situación radicalmente nueva… ¿O no?

Aunque la manera de entrelazarlos es distinta, los conceptos principales de la trama resultan familiares. Lo que me llamó la atención fue la profundidad de algunos de esos conceptos, y de eso quiero hablar. Espero no aburrir a nadie -supongo que si han llegado hasta aquí, aguantarán hasta el final-.

Como en la película, vamos por niveles. Para comenzar, la noción de entrar a la mente mediante tecnología para sacar o meter cosas no es nueva en el cine. Lo han sufrido antes Ben Affleck, Jim Carrey, y hasta el buen Arnold Schwarzenegger, entre otros.

Aun en el primer nivel está la idea de poder cambiar lo que parece real, cuando nos damos cuenta de que no lo es. Lo que hace de Ariadne la mejor “arquitecta” es lo mismo que hace de Neo “el elegido”. Además, también vemos que se conecta a personas para que experimenten juntas una realidad alterna.

Creo que un decente segundo nivel sería el moral… “La moraleja”, para no asustarnos. A nivel personal, es una historia de autosuperación, de let go, de dejar ir. El momento en que  Cobb descubre que la enorme fantasía que construyó para mantener el recuerdo de su esposa nunca será suficiente se me hace bastante parecido al John Nash de Russell Crowe cayendo en cuenta de que la pequeña Marcee no envejecía.

Me han enseñado a no buscar enseñanza en el arte, pero si Inception tuviese moraleja, esta sería que el recuerdo de un amor perdido o las fantasías que elaboremos a su alrededor no se comparan a la complejidad de la realidad, ni son compatibles con ella. Mientras más nos refugiemos en unos, más nos alejamos de la otra. Y eso tiene banda sonora: “Tus recuerdos son cada día más dulces, el olvido sólo se llevó la mitad”.

El tercer nivel, el más difícil, y el más sorprendente en una  gran producción de Hollywood, es el filosófico. Me disculparán, pero por estos días ando con ese chip metido, y me provoca hablar de esto.

Darse cuenta de que lo sensible es sólo apariencia, y que la realidad depende de cómo la entendamos, se llama subjetivismo. Es la base de la filosofía moderna y de los escépticos y relativistas posteriores. Pero la creencia de que podemos cambiar la realidad sólo con pensarlo se llama “complejo de Pigmalión”, el mítico escultor griego que se enamoró de su estatua al punto que los dioses le dieron vida. En Hollywood se adaptó en My fair lady, y cada tanto se repite el argumento en alguna comedia.

El concepto mismo de hacer descubrir al individuo una idea que pueda cambiar su actitud frente a la realidad tiene más de 2500 años, y un tal Platón la llamó mayeútica.

Lo que complacería a mis maestros de filosofía es que la respuesta a todo este caos es la realidad misma. Cobb le dice a la proyección de su esposa que es “una sombra”. Años completos construyendo fantasías no le alcanzan para darle a un recuerdo los matices de la Mal real.

Y como hay que volver a la realidad, llega el momento de la patada. Regresamos al espacio-tiempo real de Inception, pero cuando el protagonista deja girando su totem, este apenas oscila, y nos quedamos en la oscuridad. Nunca nos enteramos si cae o no.

Creo que para entender Inception no hay que resolver todas nuestras preguntas, sino quedarnos con las adecuadas: ¿Esto es realidad o un sueño? ¿Nuestros sueños nos liberan de lo exterior o nos atrapan en nosotros mismos? ¿Alguna vez tomaremos una decisión completamente independiente?





Opera señores, opera.

24 03 2010

Estas imágenes, de las que muchos nos hemos reído, deberán cambiar pronto, pues la última versión del web browser Opera, la 10.5.1, es mucho más rápida que el navegador veloz por excelencia, el Chrome de Google.



Lo primero que hice al recibir mi nueva notebook con Windows 7 de 64 bits, fue instalar Chrome y darle “remind me” a todas mis cuentas, así que necesitaba otro browser para cuando alguien me pide la computadora, porque pedir que use el IE pre instalado es demasiado cruel… Además, ¡cuando trabajo en blogger tengo que cerrar mi gmail!

Primero probé K-meleon, pero era demasiado experimental para mi gusto. Me niego a usar Firefox porque desordena los archivos y odio su ventana de descarga; y el Safari para PC es una broma a menos que necesites hacer pruebas. Así que llegué a Opera sin muchas expectativas, pero me sorprendió. Probé páginas con distintos lenguajes de programación predominantes; con una sola pestaña abierta en pantalla de inicio, y sin haber abierto esos sitios antes. Aquí dejo de hablar y me remito a las cifras:

Opera 10.5.1 vs. Google Chrome 4.1.249.1042, ambas últimas versiones disponibles.

Web Google Chrome Opera
Fcom-UDEP (html – jquery) 20.0 seg. 8.9 seg.
The Wasington Post (html – flash) 21.5 seg. 17.5 seg.
DyC UP (flash) 17.3 seg. 20.8 seg.
Elladesign (html5) 5.7 seg. 5.4 seg.
Anino Shadowplay (html5) 9.8 seg. 6.8 seg.

¡Y esto es sin activar el acelerador Opera Turbo! la herramienta ayuda a navegar más rápido, pero reduce la calidad de imágenes y otros recursos. La única web en la que gana Chrome es la de la facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, que está inundada de Flash. Como ven, no se lleva muy bien con ese lenguaje, pero yo tampoco, así que lo sufriremos juntos… Ahora me voy, ¡a pasar todas mis cuentas a Opera y borrar las contraseñas de Chrome!

*Por si quieren el dato, las pruebas las hice con conexión alámbrica a mi red doméstica Speedy (¡qué roche!) de 1 MB.





Eastwood’s Invictus

11 02 2010

El inglés del título se puede leer como “El Invicto de Eastwood”, o como “Eastwood está invicto”. Y es que a pesar de algunas objeciones, me parece -y a la crítica y a los espectadores también- que Invictus es una película que vale la pena.

El filme comparte algunas características con las últimas obras de Eastwood. Llama la atención su afición por presentar temas comunes a través de una historia distinta. En Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, se logra dar un viso de originalidad al desgastado tema de la Segunda Guerra Mundial. En Million Dollar Baby e Invictus entrega deporte sin caer en tópicos.

En lo visual, estas cuatro cintas y la mayoría de las del director, se caracterizan por la baja saturación de color. Si algo rompe con lo propio del autor y con lo convencional, es el uso de distancias focales extremas sin necesidad aparente. Desde planos medios y cortos hechos con un gran angular que casi parece fish eye, hasta tomas del equipo captadas con un teleobjetivo que fácilmente superaba los 70 mm.

Ahora, a todos, o a casi todos, nos convenció Morgan Freeman como Mandela. Algunos incluso habrán experimentado esa sensación de no recordar la cara del sujeto real… La verdad es que el llamativo parecido físico, y la imagen de integridad moral que se ha ganado durante su carrera, prácticamente convertían a Freeman en el único candidato viable. Eastwood prefiere trabajar con actores consagrados… ¿A quién más podría ofrecerle el papel? ¿A Samuel L. Jackson?

Por el contrario, Matt Damon no es muy creíble como jugador de rugby -es muy pequeño-; ni como líder. Desde Good Will Hunting hasta la trilogía de Bourne, pasando por Mr. Rippley, sus personajes han sido siempre solitarios y retraídos. Quizá la excepción sea Ryan, pero no muchos lo recuerdan en esa película, en la que todas las palmas fueron para Hanks y Speilberg.

El manejo del tiempo en las escenas de rugby es raro. Mientras hay elipsis que llaman la atención, se dejan deliberadamente tomas sin importancia aparente. Sin embargo, la secuencia del partido final es magistral. Eastwood hace evolucionar por fin las escenas de golpes y pujidos a las que nos tienen acostumbrados las cintas de football. La edición de sonido y el uso de slow motion nos ayudan a entender el sentimiento detrás de un deporte ajeno a nosotros. Casi me hace pensar que la edición confusa de los otros partidos es deliberada, para que recién al final entendamos el juego y todo el esfuerzo tras él.

No perdamos de vista que aun con Eastwood como director, la historia en el papel no prometía como para justificar su gran presupuesto. Seguramente el estudio recién accedió a financiarla para que viera la luz este año, a tiempo para subirse al bus de la fiebre mundialista. Nótese que Zakumi usa los colores de los Springboks.





Sherlock Holmes, o la reinterpreatación absurda

10 02 2010

No. No estoy diciendo de entrada que la película es absurda. Me refiero a que esta reedición de los personajes de A. C. Doyle cae dentro de la categoría de lo absurdo, si se le busca lugar entre los géneros establecidos. El desinterés por su apariencia, el humor negro, el egoísmo y el alcoholismo -por lo menos el hecho de que sea manifiesto- del protagonista, lo convierten casi en la antítesis del detective inglés.

Del director Guy Ritchie sólo he visto completa Snatch (2000), aunque en realidad sólo tiene otra película notable si descontamos el bodrio Swept away, en el que dirigió a su entonces esposa Madonna, y las otras dos películas que le tomó recuperarse. Él lanzó a la fama a Jason Statham (A.K.A. El Transportador). Su temática, el desarrollo de sus personajes y la forma de tratar la violencia le da ciertos aires de Tarantino. Su identidad estética se completa con decisiones poco comunes en cuanto a ángulos, el uso de un alto contraste y los juegos con la saturación del color.

Las dos últimas características están presentes en su Sherlock Holmes, pero se nota que tuvo que renunciar hasta cierto punto a los ángulos extraños, seguramente para hacer más “masiva” y “consumible” su primera aparición en Hollywood. Una renuncia leve, dirán ustedes, y la verdad es que sí, porque igual hay por ahí algún ángulo aberrante bastante expresivo si se sabe mirar bien.

Pero si algo no se le perdona, ni aquí ni en su Inglaterra natal, es su falta de cuidado con el acento de Robert Downey Jr. Un director con actores fetiche tan exquisitamente británicos como el mismo Statham o Vinnie Jones no debió dejar que se ejecutara un Sherlock Holmes con acento extraterrestre -e intermitente-.

Por lo demás, me parece que la cinta no logra ni siquiera mantener el ritmo constante que exigen los consumidores de Hollywood, y se vuelve tan lenta en algunas partes, que recuerda esa cosa con Madonna en la playa que bien pudo haber durado cinco minutos. Podría explicarse diciendo que el director tuvo que cambiar sus clásicas explosiones de violencia por las deducciones de Sherlock, pero la verdad es que sí hay violencia, aunque no se trabajó bien.

Lo de las deducciones de Holmes es otro asunto: Si bien los flash (back and forward), y los monólogos internos son la forma clásica de narrarlo, uno ya está hasta el copete de esa fórmula, gracias a los numerosos CSI. Aun más grave, este uso nos remonta a otra película horrorosamente parecida: La liga extraordinaria, quizá el último tropiezo de Sean Connery.

Cuando una cinta no entrega mucho en general, uno termina fijándose en detalles para encontrarle valor. De Sherlock Holmes podemos rescatar el diseño y adaptación del vestuario, sobre todo del antagonista de la película. Algunos efectos especiales, sobre todo las explosiones, están muy bien diseñadas, y llaman la atención a pesar de estar tan acostumbrados a verlas.

Más que ver nuevamente a R.D.Jr. en el papel de patán (como que nos vamos preparando para Ironman 2), llama la atención la aparición de Jude Low como co-protagonista -casi, casi actor secundario-; y alejado de su rol de charming playboy inglés. A pesar de lo limitado de su personaje, demuestra que sirve para actor de caracter, y promete, aunque sea a largo plazo, algo interesante… ¿Quizá un nuevo Michael Caine?

Parece que al final la película si era algo absurda… Sorry!





Polo Gleek!

22 01 2010





Polo homenaje TBBT

21 01 2010