“Te quiero, aunque seas buen@”

15 03 2011

Eso de querer a alguien a pesar de sus defectos está sobrevalorado. Claro, entiendo que no solo pasa por romántico, si no que además aparenta independencia. Pero es que aceptar las fallas de alguien no tiene nada de especial… ¿Quién no tiene defectos?

Además, se corre el riesgo de que ya no se quiera “a pesar de”, si no “porque”. Eso quiere decir que uno no solo acepta los defectos, si no que los justifica y valora como algo importante en la otra persona. Puedes terminar impidiendo que la persona mejore, porque te gusta más rota e insegura.

Y no quiero decir que no deban aceptarse los defectos del otro. Solo digo que no me parece la gran cosa. Es más, me parece que en la práctica es mucho más difícil aceptar las cosas buenas. Sobre todo si el otro es excepcionalmente bueno en algo.

Compartir a la persona que se ama con quienes puedan ser alcanzados por su don me parece mucho más grandioso y maduro que consentir sus fallos. Impulsar al otro a ser todo lo que pueda es quizá la definición misma de amar, en especial si se acepta el riesgo de vivir a su sombra. Aunque “te quiero a pesar de tus defectos” suene más romántico, “te quiero aunque seas buen@” es una elección mucho más noble.

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Fútbol bello

7 12 2010

Los que no me conocen pueden poner en duda mi autoridad para hablar de fútbol. Los que sí me conocen, saben que no tengo ninguna. Pocas veces me expongo a la vergüenza de intentar darle a una pelota con los pies.

Lo estoy intentando, y no puedo escribir de fútbol con el detalle con el que le reclama al televisor un pelotero/hincha/entrenador. El tema es tan nuevo para mí que encontrarán las etiquetas de este post entre las más pequeñas de mi nube. Pero esa distancia que marca la torpeza de mis pies me obliga a entender de otra manera el espectáculo.

Sólo quiero decir que ese equipo que juega un deporte que no practico, en un país al que no he ido, me ha demostrado que una actividad con una definición tan ilógica como perseguir una pelota, puede ser todo un mundo en pequeño: fuerza bruta, inteligencia, psicología, política, tecnología, empresa, publicidad, cultura…

Más que eso, veo belleza en el juego. Las idas y venidas de once hombres sudorosos se transforman en un espectáculo hermoso gracias a la persecución de un objetivo común de la mejor forma posible. Aunque no ganen siempre, no decepcionan nunca. Desde la entrega del arquero y los centrales, el orden del medio campo y las explosiones de los delanteros, el Barcelona es simplemente el arquetipo del fútbol.

Con la partida de Ronaldinho del equipo catalán acabó la era del “jogo bonito” brasileño, pero ahora podemos decir sin duda que existe “fútbol bello”. Hay dos importantes razones por las que no lo digo en catalán: Que no sé cómo hacerlo; y que al final son chicos de varias partes de España, que además han campeonado como selección.

Para mí, lo más hermoso de todo es que estos rebeldes salen a crear, en una época en la que todos los demás parten de la premisa de destruir el juego rival. El Barcelona me ha hecho creer que en la realidad, y no sólo en la filosofía, triunfa lo más perfecto.





¿Entendimos Inception?

16 08 2010

Spoiler Alert: Esto intenta ser una guía para terminar de entender la película a partir de sus detalles. Si todavía no la has visto, anda… ¡y vuelve por aquí!

Me gusta Nolan porque a sus películas no les sobran decisiones de estilo. No usa efectos especiales o narraciones enrevesadas por las puras, sino que las coloca en favor de la historia. A la línea de tiempo de Memento, las explosiones del Joker y la otra cara de Havey Dent, ahora se suman los planos detalle, la gravedad cero y el uso de slow motion -y sus combinaciones- en Inception.

Si sigo hablando de cosas técnicas me contradigo. Lo que importa con Nolan son los guiones, que él mismo escribe o co-escribe. En Inception no es distinto, y crea algo increíble, una situación radicalmente nueva… ¿O no?

Aunque la manera de entrelazarlos es distinta, los conceptos principales de la trama resultan familiares. Lo que me llamó la atención fue la profundidad de algunos de esos conceptos, y de eso quiero hablar. Espero no aburrir a nadie -supongo que si han llegado hasta aquí, aguantarán hasta el final-.

Como en la película, vamos por niveles. Para comenzar, la noción de entrar a la mente mediante tecnología para sacar o meter cosas no es nueva en el cine. Lo han sufrido antes Ben Affleck, Jim Carrey, y hasta el buen Arnold Schwarzenegger, entre otros.

Aun en el primer nivel está la idea de poder cambiar lo que parece real, cuando nos damos cuenta de que no lo es. Lo que hace de Ariadne la mejor “arquitecta” es lo mismo que hace de Neo “el elegido”. Además, también vemos que se conecta a personas para que experimenten juntas una realidad alterna.

Creo que un decente segundo nivel sería el moral… “La moraleja”, para no asustarnos. A nivel personal, es una historia de autosuperación, de let go, de dejar ir. El momento en que  Cobb descubre que la enorme fantasía que construyó para mantener el recuerdo de su esposa nunca será suficiente se me hace bastante parecido al John Nash de Russell Crowe cayendo en cuenta de que la pequeña Marcee no envejecía.

Me han enseñado a no buscar enseñanza en el arte, pero si Inception tuviese moraleja, esta sería que el recuerdo de un amor perdido o las fantasías que elaboremos a su alrededor no se comparan a la complejidad de la realidad, ni son compatibles con ella. Mientras más nos refugiemos en unos, más nos alejamos de la otra. Y eso tiene banda sonora: “Tus recuerdos son cada día más dulces, el olvido sólo se llevó la mitad”.

El tercer nivel, el más difícil, y el más sorprendente en una  gran producción de Hollywood, es el filosófico. Me disculparán, pero por estos días ando con ese chip metido, y me provoca hablar de esto.

Darse cuenta de que lo sensible es sólo apariencia, y que la realidad depende de cómo la entendamos, se llama subjetivismo. Es la base de la filosofía moderna y de los escépticos y relativistas posteriores. Pero la creencia de que podemos cambiar la realidad sólo con pensarlo se llama “complejo de Pigmalión”, el mítico escultor griego que se enamoró de su estatua al punto que los dioses le dieron vida. En Hollywood se adaptó en My fair lady, y cada tanto se repite el argumento en alguna comedia.

El concepto mismo de hacer descubrir al individuo una idea que pueda cambiar su actitud frente a la realidad tiene más de 2500 años, y un tal Platón la llamó mayeútica.

Lo que complacería a mis maestros de filosofía es que la respuesta a todo este caos es la realidad misma. Cobb le dice a la proyección de su esposa que es “una sombra”. Años completos construyendo fantasías no le alcanzan para darle a un recuerdo los matices de la Mal real.

Y como hay que volver a la realidad, llega el momento de la patada. Regresamos al espacio-tiempo real de Inception, pero cuando el protagonista deja girando su totem, este apenas oscila, y nos quedamos en la oscuridad. Nunca nos enteramos si cae o no.

Creo que para entender Inception no hay que resolver todas nuestras preguntas, sino quedarnos con las adecuadas: ¿Esto es realidad o un sueño? ¿Nuestros sueños nos liberan de lo exterior o nos atrapan en nosotros mismos? ¿Alguna vez tomaremos una decisión completamente independiente?