Fútbol bello

7 12 2010

Los que no me conocen pueden poner en duda mi autoridad para hablar de fútbol. Los que sí me conocen, saben que no tengo ninguna. Pocas veces me expongo a la vergüenza de intentar darle a una pelota con los pies.

Lo estoy intentando, y no puedo escribir de fútbol con el detalle con el que le reclama al televisor un pelotero/hincha/entrenador. El tema es tan nuevo para mí que encontrarán las etiquetas de este post entre las más pequeñas de mi nube. Pero esa distancia que marca la torpeza de mis pies me obliga a entender de otra manera el espectáculo.

Sólo quiero decir que ese equipo que juega un deporte que no practico, en un país al que no he ido, me ha demostrado que una actividad con una definición tan ilógica como perseguir una pelota, puede ser todo un mundo en pequeño: fuerza bruta, inteligencia, psicología, política, tecnología, empresa, publicidad, cultura…

Más que eso, veo belleza en el juego. Las idas y venidas de once hombres sudorosos se transforman en un espectáculo hermoso gracias a la persecución de un objetivo común de la mejor forma posible. Aunque no ganen siempre, no decepcionan nunca. Desde la entrega del arquero y los centrales, el orden del medio campo y las explosiones de los delanteros, el Barcelona es simplemente el arquetipo del fútbol.

Con la partida de Ronaldinho del equipo catalán acabó la era del “jogo bonito” brasileño, pero ahora podemos decir sin duda que existe “fútbol bello”. Hay dos importantes razones por las que no lo digo en catalán: Que no sé cómo hacerlo; y que al final son chicos de varias partes de España, que además han campeonado como selección.

Para mí, lo más hermoso de todo es que estos rebeldes salen a crear, en una época en la que todos los demás parten de la premisa de destruir el juego rival. El Barcelona me ha hecho creer que en la realidad, y no sólo en la filosofía, triunfa lo más perfecto.