Ser joven en Piura (I): Transporte

1 02 2011

Creo que la mayoría de jóvenes profesionales de esta ciudad comparten conmigo la ilusión de tener un medio de transporte propio. Algo que podamos llamar nuestro, y que nos dé la libertad de salir y llegar a casa cuando queramos. Para muchos de nosotros es también una necesidad real, sobre todo los que no trabajamos en una oficina todo el día.

Entonces, uno se pone a pensar qué vehículo puede comprar para hacer su vida más fácil. Los ahorradores, deportistas o “verdes” comenzarán su lista con una bicicleta. Después de todo, Piura es una ciudad pequeña, y todo está al alcance con unos cuantos pedaleos. Trescientos soles deberían bastar para conseguirnos una muy buena bicicleta. Pero yendo a la tienda a comprarla, caemos en cuenta de que Piura no tiene ciclovías, y que en realidad nadie respeta a los ciclistas. Mucho peor, los baches y charcos hecen peligroso y antihigiénico usar ese medio de transporte.

Tachamos la bicicleta. Lo que sigue es una moto, obvio. Pero uno va a las tiendas y descubre que las motos baratas son las que se usan para hacer el servicio ilegal de taxi, y que las más bonitas son increíblemente más caras. ¿A qué se debe? Cuestiones de mercado. Las mal usadas incluso se ensamblan en el Perú. Además, tendríamos que pagar un SOAT más caro que el de un auto, porque las aseguradoras consideran que, debido a los “moto-lineal”, el riesgo es muy alto. Por último, tendríamos que sacar un permiso especial para entrar al centro, ponerme un chaleco horroroso de color naranja, y dañar el casco con el número de placa pintado en la parte de atrás.

Desechando también la moto, ya no queda otra que soñar con un carro. Al país le va bien. Hay trabajo. ¡Hay crédito! Queremos hacer las cosas bien y comprar un auto nuevo. Comenzamos a ver los modelos, que son todos muy parecidos, y notamos que todos se usan en Piura para hacer taxi. Suzuki, Nissan, Toyota, Chery… Incluso el Chevrolet Spark que nos quieren meter por los ojos ya da vueltas recogiendo pasajeros en el Óvalo Grau. De nuevo el problema de la moto. Entonces hay que ahorrar otro año, porque de los 12 mil dólares de los modelos más baratos, debemos pasar a la gama de 18 mil dólares.

¿Y por qué? Porque en nuestra ciudad no se aplica ninguna restricción para los vehículos de transporte público. Esos vehículos, incluido el omnipresente Tico, están diseñados para que universitarios o jóvenes profesionales -¡como nosotros!- se movilicen por espacios cortos, y no para hacer taxi. El exceso de carga, el desgaste y su poco peso los hacen inseguros. Está bien, quizá Piura es tan pequeña que no es necesario que todos los taxis sean pesados Station Wagon, pero ¿qué pasó con los taxis amarillos? Ya no importa en qué color pidamos nuestro carrito, igual nos van a levantar la mano.

Solo me queda esperar que cuando por fin pueda comprar un carro que no confundan con taxi, esta ciudad me dé garantías de poder dejarlo estacionado en la calle, o de que ningún taxista o mototaxista con brevete de tómbola lo raye el primer día. Los mismos taxistas deberían preocuparse por mejorar sus servicios y reputación. Trujillo nos lleva años luz en esto.

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