“Te quiero, aunque seas buen@”

15 03 2011

Eso de querer a alguien a pesar de sus defectos está sobrevalorado. Claro, entiendo que no solo pasa por romántico, si no que además aparenta independencia. Pero es que aceptar las fallas de alguien no tiene nada de especial… ¿Quién no tiene defectos?

Además, se corre el riesgo de que ya no se quiera “a pesar de”, si no “porque”. Eso quiere decir que uno no solo acepta los defectos, si no que los justifica y valora como algo importante en la otra persona. Puedes terminar impidiendo que la persona mejore, porque te gusta más rota e insegura.

Y no quiero decir que no deban aceptarse los defectos del otro. Solo digo que no me parece la gran cosa. Es más, me parece que en la práctica es mucho más difícil aceptar las cosas buenas. Sobre todo si el otro es excepcionalmente bueno en algo.

Compartir a la persona que se ama con quienes puedan ser alcanzados por su don me parece mucho más grandioso y maduro que consentir sus fallos. Impulsar al otro a ser todo lo que pueda es quizá la definición misma de amar, en especial si se acepta el riesgo de vivir a su sombra. Aunque “te quiero a pesar de tus defectos” suene más romántico, “te quiero aunque seas buen@” es una elección mucho más noble.





¿Te le mandaste?

26 08 2010

Todos hicimos alguna vez la pregunta. Hace unos días la escuché por ahí, y me puse a conectar algunas ideas mientras caminaba.

Resulta que el supuesto acto de valentía que implica la pregunta -mandarse- no existe. ¿Por qué? Pues por la fórmula general que utilizamos los peruanos para formalizar: “¿Quieres estar conmigo?” o “¿Quieres ser mi enamorada?”.

Creo que aunque se requiere algo de valor para hacer estas preguntas, lo que en realidad se hace con cualquiera de ellas es trasladar la responsabilidad de la decisión a la otra persona… Es la víctima la que tiene que afirmar algo, aunque sea sólo al decir “Sí”.

Además, me parece que hay una cuestión cultural un poco machista detrás, porque se invade el espacio de lo que le corresponde decir a la mujer al cercarla con la pregunta; y porque en el camino se revela poco o nada de lo que siente el varón. Se pide mucho, y se ofrece poco.

Mandado sería decir “Estoy enamorado de ti y quiero ser tu novio”. Mandado porque afirma en vez de preguntar, y mandado porque queda a medio camino: ella también tiene que decirlo. A los que lo hacen así, mis respetos… por mandados.





Balbuceos

19 04 2010

Cada vez que me entero cómo se dice “mamá” o “papá” en otro idioma, me convenzo más de que decir estas primeras palabras no se trata del aprendizaje conciente de un signo, sino del impulso egocéntrico de los padres de asignar significado a un sonido vacío.

Mamá, papá, mami, papi, mamma, dada, abba, baba, mbamba… Son casi los mismos sonidos dentales y labiales. Un día, un bebé estaba haciendo burbujas con su saliva como de costumbre, cerró un poco más la boca, y salió un sonido. Alguno de los padres que estaba cerca se imaginó que lo estaba llamando. Y me refiero a los primeros humanos que hablaron y comenzaron a cargar a sus hijos sonriendo porque les hablaban.

Claro que la reacción de mamá o papá estimuló al bebé, que comprendió que si repetía ese sonido (que no entendía) sería recompensado. Me refiero a que el origen de estas palabras, como el de muchas otras, fue más casual que intencional.

La teoría del lenguaje nos dice que los idiomas son conjuntos de símbolos convencionales. Creo que la primera convención fue entre un padre y su hijo, para sacarle pica a la madre (o viceversa)…

*Me resistí a poner una foto de bebés. JA!