El comienzo de 2.0(10) en Perú

9 01 2010

El año anterior fue el de la consolidación de Twitter a nivel mundial, con casos tan notorios como la cobertura de los atentados en la India y las elecciones en Irán, y la competencia entre Ashton y la CNN. Todos nosotros, alrededor del mundo, notamos el potencial del microblogging, y comenzamos a prestar atención si es que ya no lo hacíamos.

En el Perú, sin embargo, con un bajo nivel de conectividad, y un mayor interés por el chat y los juegos on line, los usuarios de redes sociales se limitaron a intercambiar información en círculos más bien pequeños, formados por periodistas, analistas y geeks.

Hay que resaltar el infame episodio de D’Onofrio, la compañía de helados más grande del país, que lanzó una campaña -en realidad para deshacerse de un stock- en la que prometió que un día determinado iba a vender todos sus helados a 1 nuevo sol ($0.37). La mala fe de diferentes participantes de la cadena de distribución -en Perú la principal fuerza de venta de las heladerías son vendedores en carretas a los que las distribuidoras concesionan el producto- echó a perder la campaña, y el público quedó tan descontento que se creó un grupo en Facebook que alcanzó las decenas de miles en cuestión de días. La compañía debió repetir la promoción.


Fuera de este precedente, que en su momento llamó bastante la atención de los medios tradicionales, no hubo ninguna otra manifestación de una comunidad 2.0 considerable en el Perú, por lo menos no hasta hace unos días.

Apenas el 3 de enero, domingo, un sismo de 5,7 remeció buena parte del país. Por la radio informaban de posturas contradictorias de las principales fuentes: el Instituto de Geofísica del Perú (IGP) señalaba como epicentro el mar frente al Callao, en el centro de la costa peruana, mientras el United States Geological Survey (USGS) apuntaba a una zona cercana a Huaraz, en el norte de la sierra.

El sismo fue a las 3:40 p.m., y desde ese momento los usuarios de Twitter comenzaron a informar sobre la magnitud en cada ciudad. Mi experiencia personal fue por demás interesante. Encontrándome en Piura, al extremo noroeste del país, no sentí nada, y lo mismo pasó con un conductor de TV que estaba en la playa al sur de Lima, lo más cerca que se podía estar del epicentro hipotético en el mar. Una conocida artista en la ciudad de Lima preguntó si había sido temblor. Por otro lado, las personas que estaban en Chiclayo y Trujillo, al sur de Piura, fueron las primeras en decir que habían sentido “algo fuerte”. El director del IGP aclaró recién el tema a las 4:20, pero los twitteros ya sabíamos cuál de las dos hipótesis era la correcta apenas un cuarto de hora después del evento.


En este caso, los medios de comunicación tradicionales, sobre todo la radio, obtuvieron versiones oficiales que fueron tamizadas por cada usuario a través de Twitter. Los dos diarios y la radio de noticias con más presencia en la red de microblogging demostraron una falta de conocimiento, al no asignarle un hashtag al evento. Los usuarios sugerimos #sismoperu, sin saber que ese era el nombre de usuario del servicio de alerta temprana (@sismoperu).

Hace dos días, el jueves 7, un escándalo sacudió la web completa. Alguien descubrió un video en que unos adolescentes se grababan a sí mismos destruyendo unas ruinas arqueológicas de adobe. Los comentarios en YouTube pasaron a Twitter, donde se creó el hashtag #chibolosdemierda (‘chibolo’ es jerga para “chiquilo”), y de ahí a los blogs informativos más conocidos.

Para las noticias de la noche, el autor de la cuenta en YouTube ya había borrado el video y los comentarios, donde los identificaban, pero todo había explotado. La grabación estaba replicada en varios sitios, y también la tenían los canales de TV. Los internautas más indignados ya habían encontrado fotos de los culpables, sus cuentas en Facebook, sus nombres, direcciones, e incluso teléfonos.

En este caso, fueron los usuarios de redes sociales quienes proporcionaron la información a los medios tradicionales, al punto que una conductora de informativo continuaba pidiendo datos sobre el incidente por Twitter incluso en las pausas comerciales de su programa.

Más interesante aun fue la reacción del mismísimo culpable. El adolescente que había subido el video a YouTube pidió perdón a través de su cuenta ante la ola de insultos y amenazas, y horas después creó una cuenta en Twitter (@tilintil0n). Prometió “responder todo”, pero al poco rato, abrumado nuevamente por la presión pública, se limitó a pedir disculpas. Ayer viernes 8, nos fuimos a dormir con la noticia de que había creado un blog, en el cual nuevamente pide disculpas, se excusa en su falta de cultura por fallas en el sistema educativo -eso hay que concerdérselo al ver su ortografía-, y recomienda al presidente del Perú invertir más en educación y cultura… ¿En reparar monumentos, quizá?

El blog de Tilintil0n tiene, a trece horas de su post, 160 comentarios, la mayoría del más grueso calibre. A pesar de ello, otro de los implicados ha seguido el ejemplo y creó una cuenta en Twitter y un blog.

Mas allá del vandalismo de estos escolares, y del susto que nos llevamos por el temblor (por suerte no hubo heridos), el año comienza con dos momentos 2.0 originalmente peruanos en apenas cinco días. Perú se ha vuelto interesante también- para los observadores de social networks. Veamos hasta dónde da el tema.